Edición Septiembre-Octubre 2026
Espiritualidad
Familias en una sociedad fragmentada
Parte 2
La familia de Jesús: ¿Una familia en tensión?
En la primera parte de esta reflexión vimos cómo las familias contemporáneas se encuentran atravesadas por una sociedad fragmentada, donde los vínculos se vuelven frágiles, el compromiso se debilita y muchas veces aparece una profunda soledad afectiva.
Esta crisis no es exclusiva de nuestro tiempo. También encuentra eco en las tensiones de una familia común del siglo I, en Israel. Los Evangelios muestran que incluso la familia de Jesús estuvo atravesada por tensiones, incomprensiones y fragilidad histórica.
Los Evangelios no presentan una familia idealizada o alejada de los conflictos de la vida real. Por el contrario, muestran una familia atravesada por desafíos, preguntas y contextos difíciles.
Nazaret: periferia, marginalidad y… ¿sospecha?
Jesús no nace en el centro religioso de Jerusalén ni en espacios de prestigio político. Crece en Nazaret, una pequeña aldea de Galilea, región periférica y culturalmente despreciada por muchos sectores de Judea.
Cuando los Evangelios nos hablan de “Galilea de los gentiles”, están reflejando precisamente esa condición fronteriza: mezcla cultural, tensiones políticas, presión romana y cierta sospecha religiosa. El prejuicio aparece condensado en la pregunta:
“¿De Nazaret puede salir algo bueno?” (Juan 1:46).
La encarnación de Cristo ocurre en los márgenes.
La familia de Jesús probablemente conoció el trabajo duro, la precariedad económica y la vulnerabilidad social. José aparece como artesano —no solo como carpintero, como lo ha retratado la tradición—; en el Magníficat (Lucas 1), María canta desde la esperanza de los humildes; y el propio Jesús crecerá lejos de los centros de poder.
El Reino de Dios comienza en una casa humilde.
¿Tensión familiar en los Evangelios?
Una lectura atenta de los Evangelios deja al descubierto que la familia de Jesús está lejos de ser una familia idealizada o exenta de conflicto.
Los relatos del niño Jesús en el templo (Lucas 2) ya nos muestran una tensión entre la vocación de Jesús y la angustia de sus padres. María y José lo buscan desesperadamente mientras él permanece en Jerusalén.
La respuesta de Jesús anticipa un conflicto mayor respecto de las expectativas familiares tradicionales:
“¿No sabían que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?”
No se trata de un rechazo de su familia, sino de la irrupción de una misión que incluso sus padres todavía no comprenden del todo.
Más adelante, estas tensiones se profundizarán. En el Evangelio de Marcos se nos relata que sus familiares fueron a buscarlo “porque decían: está fuera de sí” (Marcos 3:21). Y en el Evangelio de Juan, capítulo 7, se nos dice que sus hermanos “no creían en él”.
Aquí aparece una dimensión profundamente humana de esta familia:
- la dificultad de comprender una vocación;
- el temor al ridículo social;
- el conflicto entre expectativas y llamado;
- la incomprensión generacional;
- la tensión entre pertenencia familiar y misión personal.
La llamada Sagrada Familia no aparece como una familia sin dolor ni desconcierto. Aparece como una familia… ¡real!
La resignificación de la familia
Sin embargo, Jesús no disminuye el valor de la familia; la redefine desde la perspectiva del Reino.
Cuando en Mateo 12:49-50 declara:
“Mi hermano, mi hermana y mi madre son los que hacen la voluntad de mi Padre que está en los cielos”.
no está negando los vínculos de sangre, sino que amplía el concepto de familia hacia una nueva comunidad fundada en la escucha, la fe y la obediencia al Reino de Dios.
Más tarde, la Iglesia primitiva comprenderá esto profundamente: la comunidad cristiana debía convertirse en una familia alternativa dentro de un mundo fracturado.
En una sociedad marcada por la competencia, el descarte y la fragmentación, la comunidad cristiana estaba llamada a encarnar hospitalidad, reconciliación, cuidado mutuo y dignidad compartida.
Una lectura para nuestro tiempo
La familia de Jesús ilumina las heridas contemporáneas precisamente porque no surge en un vacío histórico. Surge en la historia: Dios no esperó una familia perfecta para entrar en el mundo.
Entró en una casa humilde de una aldea marginal, entre trabajos duros, tensiones, silencios, incomprensiones y vulnerabilidad social. Y desde allí comenzó el Reino.
Desde la pastoral esto tiene una enorme fuerza hoy. Porque muchas familias viven experiencias semejantes:
- padres e hijos que no logran comprenderse;
- crisis económicas;
- tensiones vocacionales;
- diferencias de fe dentro del hogar;
- cansancio emocional;
- miedo al fracaso;
- vínculos heridos.
El Evangelio no niega esas fracturas. Las atraviesa.
La esperanza cristiana no consiste en reconstruir nostálgicamente una “cristiandad perdida” ni en idealizar familias inexistentes. Consiste en creer que Dios sigue actuando en medio de la fragilidad humana.
Tal vez la misión de la Iglesia en este tiempo no sea simplemente defender abstractamente ciertos valores, sino preservar y testimoniar aquello que hace verdaderamente humano al ser humano:
- la fidelidad,
- la compasión,
- la memoria,
- el perdón,
- la dignidad del otro,
- y la esperanza aun en medio de la crisis.
Y quizá por eso Nazaret sigue siendo un signo poderoso: el Reino de Dios comenzó en las periferias, dentro de una familia frágil, en medio de una sociedad conflictiva.
Entonces, cuando traemos delante de Dios nuestras familias, no negamos nuestra fragilidad como familia, sino que las llevamos delante de Dios con honestidad, lucidez y esperanza.
No es una oración ingenua, sino una oración encarnada: porque parte de la crisis, pero no se queda en ella.
De este modo, juntos podemos poner en palabras el sentir de nuestro corazón:
Una oración por nuestras familias
Señor,
En estos tiempos donde los vínculos se vuelven frágiles
y las palabras que antes sostenían la vida en común
a veces pierden su fuerza.
Nuestras familias también sienten ese peso.
Nos cuesta escucharnos, comprendernos,
y muchas veces el cansancio, la distancia o la herida
van ocupando los espacios del amor.
Pero hoy venimos delante de Ti
no como familias perfectas,
sino como familias reales, con historias difíciles,
con luchas y con esperanza.
Te pedimos, Señor, que sanes lo que está roto,
que restaures lo que se ha enfriado,
y que vuelvas a enseñarnos el valor del perdón,
de la paciencia y del cuidado mutuo.
Y donde hay palabras que dividen, pon palabras que reconcilien.
Donde hay silencios que hieren, pon diálogo y verdad.
Donde hay distancia, vuelve a acercarnos en amor.
Y en medio de una cultura que cambia tan rápido,
ayúdanos a sostener lo esencial:
el amor que permanece, la fidelidad que cuida,
y la esperanza que no se rinde.
Que nuestras familias, Señor, sean un lugar de vida,
no de desgaste;
un lugar de encuentro, no de soledad;
que sea un hogar donde Tu presencia traiga paz.
Amén.
Soldado Gabriel Enriquez
Mi historia
Cuando Dios llama, todo cambia
Me llamo Rebeca Elizabeth Miguel. Desde que nací pertenezco al Ejército de Salvación. Es decir, desde el vientre de mi madre soy “salvacionista”. En mi niñez, como la mayoría de los niños, participé de la Escuela Bíblica y, con el tiempo, crecí y pasé a clases de Jóvenes Soldados; luego, a Cadetes Locales; después, a ser Soldado y, por último, ingresé a la Escuela de Cadetes.
Pero, ¿cómo llegué hasta aquí? Fue un largo camino el que recorrí hasta este momento. Me quiero centrar en la etapa de Cadetes Locales, que fue un tiempo de bendición, crecimiento y aprendizaje. Fue una etapa en la que, como todo adolescente, iba “obligada” a participar de las reuniones. Allí aprendí a no ir por obligación, sino que me enseñaron a asistir con voluntad y con sed de aprender más sobre nuestra Iglesia, sobre nuestras raíces y sobre todo lo que conlleva ser salvacionista.
Fue una etapa en la que aprendí a perder la vergüenza y a saber quién soy; a comprender que Dios me ama tal como soy, incluso en un momento en el que ni yo misma sabía quién era. Es decir, fue una etapa de alivio para mí. Luego pasé a ser Soldado, donde cumplí muchos roles. Trabajé en la Escuela Bíblica, con adolescentes, jóvenes y en la Liga Adolescente (Liga del Hogar para Adolescentes). También empecé a participar de los ITM (Instituto Territorial de Música) y de los ITJ (Instituto Territorial de Jóvenes).
En un fin de semana de Juventud del año 2012 sentí el llamado de Dios en mi vida. Si me preguntan qué se sentía, no sabría qué decirles, porque en ese momento no entendía qué era el llamado. Pasó el tiempo y me fui involucrando más en la iglesia, y entendí que Dios me pedía más. Y yo, como toda adolescente, respondí: “¿Qué más quieres, Señor? Estoy en tu casa 24/7. No sé qué más darte”. Con el paso del tiempo aprendí que Dios quería todo de mí.
Me costó mucho aceptarlo, y hubo épocas en las que estaba firme y otras en las que andaba de rebelde, hasta que Dios me dijo: “Bueno, ya basta”. Pero, como muchos somos necios, seguía en “la mía”, aunque siempre participando —quizás no tan activamente, pero participaba— de las actividades. Luego, un día me puse de novia, me casé y seguía sin responder a mi llamado, sin hacer caso a la voz de Dios. Pero, en el año 2023, mis Oficiales se sentaron a hablar conmigo y me preguntaron qué había pasado con mi llamado.
Les di todo tipo de excusas que para mí tenían sentido, pero para ellos no. Fue así que, tras esa conversación, mi esposo me comentó sobre su llamado, y ahí fue donde hice el “click” y me dije a mí misma: “Pasaron años, ¿y qué has hecho? No estás estudiando, sos ama de casa, te proponías un proyecto y nada salía bien; querías emprender algo y tampoco salía bien”. Entonces fue ahí cuando Dios me volvió a hablar, diciéndome: “Todo lo que planteás no está en mis planes, y tengo cosas mucho más grandes para vos”.
Así fue como, en el año 2024, después de más de diez años, decidí decirle sí por completo al Señor y empecé a ver su mano en cada cosa que hacíamos: en mi familia, en el trabajo y en mi matrimonio. Dios nos sostiene y lo sigue haciendo.
Querido lector, te invito a que puedas experimentar el máximo poder de Dios en tu vida, ya seas Soldado, adherente, joven Soldado, Cadete local, maestro o adulto mayor. Quiero dejarte estas palabras: “Confía en el Señor con todo tu corazón, y Él añadirá todo lo que necesites”. Así vas a ver que toda tu vida va a cambiar y, si no lo creés, mírame: soy ejemplo de la gracia de Dios. Sé que Dios me va a seguir moldeando y trabajando en mí. ¿Y por qué no en vos? Dios te bendiga.
Cadeta Rebeca Elizabeth Miguel
Estilo de vida
Escuchando la adicción
Cuando el problema está dentro de casa, la mirada y la objetividad pueden verse afectadas. Ayudar a un familiar o ser querido con una adicción exige encontrar un equilibrio difícil: estar presente sin asumir responsabilidades que no corresponden y favorecer el tratamiento sin intentar controlar cada decisión. La familia, sin duda, es una pieza fundamental en el proceso de ayuda, pero también necesita apoyo.
Descubrir que un ser querido está teniendo problemas de adicción es siempre un encuentro con un vacío que duele. Un no saber qué hacer o cómo actuar, y pocas personas saben inmediatamente cómo proceder. Primero puede aparecer la duda, después las discusiones; luego podrían llegar las promesas, más adelante los intentos de controlar el consumo, el miedo a decir algo incorrecto y, en algunos casos, una vigilancia que termina ocupando buena parte de la dinámica familiar.
Ahora bien, la familia puede ser un pilar importante para ayudar a la persona que está atravesando una adicción. El Informe del Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones (OEDA) en 2025, con datos de admisiones de 2023, señala que el 55,2 % de quienes iniciaron tratamiento por drogas ilegales lo hicieron por iniciativa propia o animados por familiares o amigos; específicamente, un 11,4 % tenía a familiares o amigos como fuente principal de derivación. Esta investigación no está lejos de demostrar una realidad en Latinoamérica respecto de los comienzos del consumo entre nuestros adolescentes y jóvenes.
Ante esta problemática, entonces, es importante saber cómo ayudar a un familiar o ser querido que atraviesa una adicción, porque esto implica aprender qué hacer, qué conviene evitar y dónde termina la responsabilidad de quien acompaña.
Reconociendo el problema de la adicción
Consumir una sustancia no equivale automáticamente a padecer un trastorno por consumo. Lo relevante es observar cómo va cambiando la relación de la persona con ella misma y qué consecuencias aparecen paulatinamente. Los cambios se van presentando en las actividades cotidianas como, por ejemplo: mayor secretismo, dificultades económicas inexplicables, abandono brusco de responsabilidades, modificaciones bruscas en las rutinas diarias, conflictos frecuentes alrededor del consumo o una mayor parte del tiempo dedicada a conseguir, consumir o recuperarse de los efectos de la sustancia.
Sin embargo, es importante entender que ninguna señal aislada permite diagnosticar una adicción, pero varias de ellas, sostenidas en el tiempo, justifican buscar una valoración profesional.
Cuando la preocupación y la atención se centran en un adolescente, observar estos cambios resulta más útil que intentar interpretar cualquier alteración del humor como prueba de consumo. De la misma manera, en el trastorno por consumo de alcohol conviene valorar el conjunto del comportamiento y su impacto sobre la pareja y la familia, no únicamente cuánto bebe una persona en una ocasión determinada.
Escuchar
Escuchar en estos casos debería significar “hablar y escuchar sin convertir la conversación en un juicio”. Uno de los momentos más complicados consiste en plantear el problema y, por parte de quien recibe ese planteamiento, estar dispuesto a escuchar.
Una conversación importante suele tener más posibilidades de ser escuchada cuando la persona está sobria y la situación es relativamente tranquila.
Es importante hablar de hechos concretos antes que utilizar etiquetas. Expresar preocupación, escuchar y conocer previamente las opciones de ayuda también puede facilitar que la conversación no se convierta únicamente en una discusión sobre si la persona “es o no es adicta”.
Tampoco es necesario conseguir que la persona reconozca todo el problema en una sola conversación. A veces, ayudar significa abrir una puerta al tratamiento, no conseguir que alguien la atraviese inmediatamente.
Aceptar consecuencias
Esta suele ser una de las fronteras más difíciles para una familia. Querer proteger a la persona amada puede llevar a terminar solucionando problemas derivados de su consumo: prestar dinero, justificar a la persona ante terceros, asumir responsabilidades que ha dejado de cumplir o impedir que experimente cualquier consecuencia.
La codependencia no constituye un diagnóstico clínico y puede convertirse en una etiqueta culpabilizadora para personas que llevan mucho tiempo intentando sobrevivir a una situación difícil.
Poner límites no significa abandonar a la persona amada; significa decidir qué ayuda estás disponible para ofrecer y qué responsabilidades no puedes asumir por ella.
Referencias bibliográficas:
Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones. (2025). «Informe 2025. Alcohol, tabaco y drogas ilegales en España». Ministerio de Sanidad.
Lic. Herlan Bravo
Psicólogo Clínico
Temas de familia
La sanidad interior
La sanidad interior es el proceso mediante el cual Dios restaura el corazón de una persona, sanando las heridas, los traumas y las marcas que dejaron las experiencias del pasado. Estas heridas no necesariamente provienen de acontecimientos extremos o profundamente dolorosos; muchas veces nacen de situaciones que pueden parecer pequeñas, pero que dejaron una huella profunda en la vida de alguien. Pueden haber sido causadas por otras personas, por circunstancias difíciles o por pérdidas que afectaron el corazón.
Con frecuencia, estas heridas impiden experimentar plenamente la vida abundante que Cristo ofrece. Por eso, la sanidad interior implica una transformación profunda y una renovación de nuestra alma, nuestras emociones, nuestra voluntad y nuestra mente mediante la obra del Espíritu Santo y la Palabra de Dios.
Las experiencias dolorosas suelen dejar vacíos en el corazón y despertar sentimientos como la soledad, el temor, la ansiedad, la tristeza o la falta de esperanza. Muchas veces, sin darnos cuenta, tomamos decisiones influenciadas por esas heridas, lo que termina afectando nuestra manera de pensar, de relacionarnos con los demás y de vivir.
La palabra quebrantar significa romper o partir un todo en varias partes. Así puede sentirse el corazón después de atravesar situaciones difíciles: lastimado, herido y fragmentado. En ocasiones llevamos ese peso durante años, sin reconocer cuánto influye en nuestro presente y limita nuestro futuro.
La buena noticia es que Dios no nos creó para vivir con un corazón roto. Él desea restaurarnos completamente. La sanidad interior es un camino en el que reconocemos nuestras heridas, las llevamos delante del Señor y permitimos que Él transforme aquello que el dolor, el rechazo o la decepción quebrantaron. No se trata de un acontecimiento aislado, sino de un proceso continuo mediante el cual Dios nos conduce a una vida de libertad, paz y plenitud.
Jesús vino al mundo para restaurar lo que estaba roto. Él conoce cada herida del corazón y tiene el poder de volver a unir aquello que parecía irrecuperable. Su obra alcanza cada área de nuestra vida: el dolor, el rechazo, la amargura, la falta de perdón, la culpa y cualquier otra carga que impida disfrutar de la vida que Él preparó para nosotros.
En Lucas 4:18 encontramos una declaración clara de la misión de Jesús: sanar a los quebrantados de corazón. A lo largo de los Evangelios vemos cómo su ministerio estuvo marcado por la restauración integral de las personas. Él no solo sanaba enfermedades físicas, sino también restauraba la dignidad, la esperanza y la fe de quienes acudían a Él.
Un ejemplo significativo es el de la mujer que padecía flujo de sangre (Marcos 5:25-34). Durante doce años sufrió una enfermedad que afectó no solo su cuerpo, sino también su vida emocional, social y espiritual. Vivía en una condición de constante exclusión y seguramente experimentaba sentimientos de vergüenza, soledad, rechazo, frustración y desesperanza.
Aunque este relato describe la experiencia de una mujer, refleja una realidad que puede vivir cualquier persona. Todos, en algún momento, podemos cargar heridas provocadas por el rechazo, la pérdida, el abandono, la traición, la culpa o las circunstancias difíciles de la vida.
Cuando aquella mujer se acercó a Jesús con fe y tocó el borde de su manto, fue sanada inmediatamente. Sin embargo, el milagro fue mucho más profundo que la restauración de su salud física. Jesús también restauró su dignidad, su identidad y su paz interior. Al llamarla "hija", afirmó públicamente su valor y le devolvió aquello que durante años había sentido perdido.
Su encuentro con Cristo transformó todas las áreas de su vida:
- Su cuerpo fue restaurado al detenerse la enfermedad.
- Sus emociones fueron sanadas al desaparecer la vergüenza y el temor.
- Su vida espiritual fue fortalecida al experimentar el amor y la aceptación de Dios.
Así también sucede con nosotros. Jesús conoce cada herida, cada lágrima y cada recuerdo que todavía produce dolor. Nada escapa a su mirada ni está fuera de su poder restaurador. Cuando nos acercamos a Él con un corazón dispuesto, comienza una obra profunda que trae libertad, esperanza y una nueva manera de vivir.
Mi deseo es que cada persona pueda experimentar esa transformación que solo Cristo puede realizar. La sanidad interior deja una huella permanente en quienes permiten que Dios obre en sus vidas. Por esa razón, este será uno de los temas que desarrollaremos durante el año, con el anhelo de que todos podamos crecer en libertad y madurez espiritual.
Este tema puede trabajarse de distintas maneras: mediante talleres, estudios bíblicos, testimonios de personas que hayan experimentado la restauración de Dios, invitados que desarrollen el tema desde una perspectiva bíblica y, sobre todo, a través de la oración. Nuestro anhelo es que el Espíritu Santo sane cada área de nuestras vidas y continúe transformándonos, tal como lo expresan Isaías 61:1 y Lucas 4:18-19.
Contenido adaptado de: https://www.encasadedios.com/que-es-la-sanidad-interior/
Preguntas para la reflexión
- ¿Qué heridas del pasado podrían estar influyendo en mi vida hoy?
- ¿Hay áreas de mi corazón que todavía necesito entregar a Dios para que Él las restaure?
- ¿Qué pasos concretos puedo dar para permitir que Dios sane mis emociones y renueve mi manera de pensar?
- ¿Qué nos enseña el relato de la mujer con flujo de sangre acerca de la restauración integral que Cristo ofrece?
Coronela Roxana Dinardi
Noticia
Entrega de frazadas
En estos días de intenso frío, el Ejército de Salvación – Territorio Este de Sudamérica dio inicio a una nueva Jornada Solidaria de Invierno, acercando frazadas a personas en situación de vulnerabilidad.
Cada frazada entregada representa mucho más que abrigo: es una expresión de amor, cuidado, dignidad y esperanza. A través de esta iniciativa buscamos compartir el calor del amor de Cristo con quienes más lo necesitan, recordándoles que no están solos y que siempre hay una mano dispuesta a ayudar.
"Porque tuve frío, y me cubrieron." (Mateo 25:36)
Noticia
Día de la niñez
El Día de la Niñez se celebró con mucha alegría en distintos Cuerpos, donde nuestros niños fueron los protagonistas de jornadas llenas de juegos, sonrisas, regalos y momentos compartidos en comunidad.
Cada encuentro fue una oportunidad para celebrar la vida de nuestros niños, acompañarlos y recordarles cuánto son valorados y queridos. Agradecemos especialmente a todos los que colaboraron con dedicación y cariño para preparar cada detalle y hacer de estas celebraciones momentos verdaderamente especiales.
¡Qué alegría poder compartir y celebrar juntos como familia!
“Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos.”— Mateo 19:14
Noticia
Algunos encuentros que nos dejaron mucho
El CDMA de la División Central Argentina y Distrito Norte Argentino fue un hermoso tiempo para aprender, compartir y crecer, tanto musicalmente como espiritualmente.
Momentos de capacitación, compañerismo y, sobre todo, de buscar juntos a Dios y descubrir cómo nuestros dones pueden ser puestos a su servicio.
Compartimos algunas imágenes de estos encuentros que nos animan a seguir creciendo juntos en la misión.
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Campamento de hombres
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Semana de los MMFF
General: Lyndon Buckingham
Director: Coronel Elder Dinardi
Editora: Betina Martinez
Redes Sociales: Walter Garro
Diseño Gráfico: Ayelén Rocca
Publicación del Ejército de Salvación de Septiembre-Octubre 2026 | Territorio Este de Sudamérica: Argentina, Uruguay y Paraguay.
