Edición marzo/abril 2026

Espiritualidad

La fe como ancla en tiempos de crisis

Parte 2

En la primera parte vimos que la crisis económica tiene rostros concretos, historias reales y heridas visibles. Reconocimos que la escasez no es solo un problema financiero, sino una experiencia que toca la mesa, los sueños y la esperanza de muchas familias. También descubrimos que la Biblia no esquiva esta realidad: el pueblo de Dios, los profetas y los discípulos enfrentaron tiempos de necesidad y aprendieron a confiar en medio de ella.

Ahora damos un paso más. No se trata solo de comprender la crisis, sino de aprender cómo vivirla desde la fe. En medio de las tormentas económicas, la fe cristiana se presenta como un ancla firme: no evita que las olas golpeen, pero impide que seamos arrastrados por el miedo, la desesperanza o el egoísmo.

Desde el testimonio de la iglesia primitiva, las enseñanzas del apóstol Pablo y la profunda confesión de Habacuc, descubriremos que la fe vivida en comunidad, con confianza, sencillez y gratitud, puede sostenernos aun cuando todo parece faltar.

Los primeros creyentes en Jerusalén vivieron tiempos difíciles: muchos habían dejado sus trabajos y bienes por seguir a Cristo. Sin embargo, su fe se convirtió en ancla: “Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas… y repartían a todos según la necesidad de cada uno” (Hechos 2:44-45). En medio de la escasez, encontraron fortaleza en la confianza en Dios y en la solidaridad mutua. Ese testimonio sigue siendo un faro para nosotros: cuando la fe se practica en comunidad, la provisión de Dios se hace visible.

Cuando las olas de la crisis nos sacuden, la fe personal y comunitaria se convierte en el ancla que nos sostiene. Podrá no eliminar las tormentas, pero nos da estabilidad para no naufragar. Como comunidad de fe estos principios podría ser un ancla segura en estos tiempos de crisis.

Confianza en la provisión de Dios

El apóstol Pablo escribe: “Mi Dios suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19). Esa promesa no significa abundancia sin límites, sino la seguridad de que Dios proveerá lo necesario en cada circunstancia.

Discernimiento entre necesidad y consumismo

La fe nos ayuda a diferenciar lo que realmente necesitamos de lo que el sistema nos hace desear. Aprender a vivir con sencillez es una forma de libertad espiritual frente a una economía que muchas veces esclaviza.

Cultivo de la gratitud aun en lo pequeño

La gratitud transforma la escasez en un lugar de encuentro con Dios. Aun cuando lo que tenemos parece poco, podemos reconocer que es suficiente en sus manos.

Una actitud de fe frente a la crisis— Habacuc 3:17-19

Ante la crisis social que está viviendo, el profeta Habacuc describe la situación extrema: la higuera no florece, la vid no da frutos, escasea al producto del olivo entre otros males:

“Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales…” (vv. 17).

Él es consciente de, una economía en ruinas, una tierra sin producción y un pueblo sin recursos.

Sin embargo, frente a esa desolación, el profeta responde con una fe sorprendente:

“Con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación. Jehová el Señor es mi fortaleza…” (vv. 18-19).

Aquí encontramos tres claves para las crisis económicas de hoy:

1. Reconoce la realidad sin negarla. Habacuc no disfraza la crisis: habla de campos vacíos y corrales sin ganado. Fe no es cerrar los ojos al dolor, sino afrontarlo con esperanza.

2. Elige la confianza en Dios. A pesar de la escasez, el profeta decide alegrarse en el Señor. Su gozo no depende de las circunstancias externas, sino de su relación con Dios.

3. Camina con fuerza en la adversidad. Habacuc declara: “Jehová… me hará andar sobre mis alturas”. La fe no elimina los problemas, pero nos da fuerzas para atravesarlos sin rendirnos.

Este texto nos enseña que la verdadera fe no depende de la abundancia material, sino de la certeza de que Dios sigue siendo fiel. En tiempos de crisis económica, Habacuc nos muestra un camino: confiar, alegrarnos en el Señor y caminar con su fortaleza.

Conclusión: Fe que trasciende la crisis

La Biblia nos recuerda que la crisis económica no es nueva: pueblos enteros, profetas y comunidades de fe la han atravesado antes que nosotros. Hoy, al igual que ellos, tenemos la oportunidad de responder con fe y esperanza.

El profeta Habacuc nos deja una lección eterna: “Aunque la higuera no florezca… con todo, yo me alegraré en Jehová” (Habacuc 3:17-18). Esa es la fe que trasciende las circunstancias: la que no se apaga con la escasez ni depende de la abundancia, sino que se arraiga en la fidelidad de Dios.

En tiempos de crisis, la fe se convierte en ancla, la comunidad en refugio, y la esperanza en motor. Podemos caminar con confianza, sabiendo que, aunque falte el pan en la mesa, nunca faltará la presencia y la fortaleza del Señor.

Oremos con Habacuc

Señor, aun cuando la mesa esté vacía y los números no cierren, aun cuando tierra no dé fruto y falten fuerzas para seguir, yo elijo alegrarme en ti.

Tú eres mi salvación, mi fortaleza y mi refugio seguro.

Hazme andar sobre las alturas, para no dejarme vencer por la crisis,

sino mirar la vida con esperanza.

Que mi corazón no se llene de miedo, sino de confianza.

Que mis manos no se cierren en egoísmo, sino que se abran para compartir.

En medio de la escasez, quiero vivir confiando en tu provisión

Por Soldado Gabriel Enriquez

Mi historia

Vida y servicio

Soy la Tte. Coronela Diana Campos, soy colombiana, pertenezco al Territorio Norte de Latinoamérica, tengo 17 años de casada con el Tte. Coronel David Campos y tenemos una bebé de tres años. Este año cumplo 21 años en el Oficialato. He servido en El Salvador, en el Cuerpo y Colegio Merliot, así como en Costa Rica, en el Cuerpo Sagrada Familia, también en el Colegio de Entrenamiento, donde mi nombramiento era Oficiala de Finanzas y Residencia, además en el Cuartel General Territorial como Oficiala Territorial MMFF y Secretaria Territorial para el Desarrollo de Vida Espiritual, y en Guatemala fui Directora Divisional MMFF. Durante este tiempo estudié Administración en Recursos Eclesiásticos, Técnico en Administración de Personal y una Maestría en Orientación Familiar.

Como tenemos una hija de tres años, tenemos una vida cotidiana un poco agitada. Tratamos de pasar tiempo juntos y de crear momentos especiales para nuestra hija. Vamos regularmente al parque y salimos a caminar, y nos turnamos el cuidado de nuestra hija cuando tenemos responsabilidades adicionales. Como matrimonio, tratamos de tener tiempo como pareja, para nosotros las horas de la comida son un tiempo que aprovechamos para tener conversaciones, para compartir intereses, o si estamos leyendo algún libro, tratamos de compartir con el otro cosas interesantes.

Creo que lo que más he postergado es la relación con mis amigos. Tengo amigos maravillosos que Dios ha traído a mi vida, pero me cuesta un poco mantener las amistades a distancia. En medio de los días ocupados, olvido escribirles y mantenernos al día, pero lo maravilloso es que cada vez que nos vemos es como si el tiempo no hubiera pasado y podemos construir buenos recuerdos juntos.

El cansancio con el que más batallo es el mental. Algunas veces siento que mi cabeza no para, pienso en las responsabilidades que tengo, planeo todos los escenarios, la mejor manera de hacer las cosas y demás. Creo que esto es lo que hace que esté cansada, y aunque tengo mucho trabajo en casa al tener una niña de tres años, creo que el mental es el más difícil de manejar.

Creo que lo más difícil del oficialato es estar lejos de la familia. Amamos mucho a nuestra familia, disfrutamos mucho estar con ellos y compartir sus penas y victorias. Al ser de dos nacionalidades diferentes, alternamos las vacaciones para pasar un año con cada familia. En verdad, el ver cómo crecen los sobrinos a la distancia, o cuando las familias enfrentan crisis y no poder estar allí como un apoyo físico, es la parte más difícil.

Mi descanso y bienestar lo cuido con mucho esfuerzo y de una forma intencional. Lo planeamos con tiempo, por ejemplo, planeamos cómo sucederán los fines de semana y, por medio del calendario, identificamos las semanas que tendremos más responsabilidades y trabajo para planear los días de descanso, para no salir de casa ni recibir visitas.

El llamado ayuda a seguir en el ministerio. Para mí, el llamado es el que me ayuda a continuar, aunque tengamos días difíciles. Le pido al Señor que su llamado sea siempre “un fuego que me quema hasta los huesos”.

Lo que deseo para mi vida es que nunca pierda el gozo y que me sienta plena en todo lo que hago.

Por Teniente Coronela Diana Campos

Espiritualidad

Dios escribe mi historia

Me llamo Joana Martín y quiero empezar contándote algo muy importante de mí: tengo dislexia y ataxia genética. A veces me cuesta hablar o coordinarme bien, pero eso no me frena; al contrario, es ahí donde más veo a Dios obrar en mi vida. Él puso en mi corazón un deseo enorme de servirle, y eso es más fuerte que cualquier dificultad.

Soy de Pergamino y hace un año participo en el Cuerpo de Pergamino. Empecé como adherente y ahora soy recluta, ¡y estoy re feliz porque voy a comenzar el curso de Soldado! Para mí cada paso fue una bendición y una confirmación de que Dios tiene un propósito conmigo.

Me encanta ir a la iglesia porque me siento tranquila, segura y en casa. Disfruto mucho servir y participar en las reuniones, y también ser parte de Sopa de Amor, donde puedo compartir con otros y bendecirlos. En febrero pude ir al ITJ y fue una experiencia hermosa: conocí gente de distintos lugares, hice muchos amigos y sentí que Dios me habló en cada momento.

Tengo cuatro hermanos y una mamá que nos ama muchísimo, y lo más lindo es que todos servimos juntos al Señor. Estoy muy agradecida y contenta por todo lo que estoy viviendo, y expectante por lo que Dios todavía tiene preparado para mí.

Por Joana Martín

Estilo de vida

Red Flags ¡Cuidado!

Los comienzos de año casi siempre vienen cargados de sueños, metas, deseos y mucho peso. Peso porque no se logró lo planteado el año pasado entonces la carga perdura. Para muchos, los comienzos de año implican una oportunidad para dejar todo lo malo atrás, para recomenzar o volver a planificar para lo venidero que parecería inalcanzable.

Sin embargo, la realidad es que este período de transición también puede traer consigo sentimientos de ansiedad, tristeza e incluso frustración ¿Por qué entonces el cambio de año puede ser tan emocionalmente desafiante? Y, además ¿Cómo podemos lidiar con esas emociones y aprovechar este momento de forma saludable?

La presión por cumplir con las resoluciones de año nuevo refleja el deseo de alcanzar algo mejor, pero también pone de manifiesto las propias limitaciones de cada uno. Las personas se enfrentan al desafío de integrar aspiraciones con las capacidades que se tiene, y cuando esas metas no se alcanzan con la rapidez deseada, pueden surgir sentimientos de frustración, insuficiencia o incluso desesperanza.

Ante este encuentro con la frustración, ¿Cómo lidiar con esas emociones intensas y a menudo contradictorias? El primer paso es reconocerlas. Las emociones que surgen en este periodo no deben ser rechazadas o negadas, al contrario, deben ser comprendidas. Quizás no se debería pensar en “superar” la ansiedad o la frustración con rapidez, sino de observarlas y entender su origen. En muchas ocasiones, las emociones no se deben sólo al contexto del año nuevo, sino a todo lo que esa transición activa en el interior de cada uno. Los recuerdo, las promesas no cumplidas, las metas no alcanzadas, hacen de detonadores para la inestabilidad o el quiebre emocional. Entonces, sentir y reconocer lo que se siente abre una puerta a la comprensión y tramitación de las emociones.

Considero también importante, para esta etapa, tener en cuenta la relación que cada uno tiene con el tiempo y los cambios. El inicio de año no debería ser una imposición de deseos y metas. No se trata de cumplir una lista de propósitos de forma rígida, sino de evaluar y aceptar que el cambio es un proceso, un camino que no se resuelve inmediatamente. Por otro lado, el tiempo, nos invita a aprender, a integrar lo que ya se logró y en algunas ocasiones, ayuda a construir sobre esas experiencias, sin la necesidad de hacerlo todo de golpe. Aceptar que el cambio no es instantáneo puede reducir la presión interna y permite disfrutar más de las pequeñas transformaciones cotidianas.

Entonces, esas emociones que salen a flote a comienzos de año, deberían ser una oportunidad de introspección y aceptación, más que una obligación de “arrancar de nuevo”. Más que cargar consigo el sueño no logrado y hacer que la “evaluación” sea caótica, convirtiéndose en frustración y desesperación. Es importante comprender que, al reconocer las emociones, entender las expectativas y avanzar sin presión externa, se aprovecha el comienzo de año de otra manera.

Este 2026 no tiene por qué ser el año en el que te conviertas en una versión perfecta de ti mismo. Puede ser, simplemente, el año en el que aprendas a escucharte y evaluarte más. La psicología nos enseña que el bienestar no es un resultado inmediato, sino que es un proceso de construcción.

Lic. Herlan Bravo

Psicólogo Clínico

Temas de familia

Etapa adulta

Etapas de la vida

Seguimos recorriendo las distintas etapas de la vida. Tal vez el título de este devocional pueda sugerir que está dirigido solo a un grupo en particular; sin embargo, la realidad es que nos incluye a todos. Hayamos sido padres o no, una de las grandes bendiciones que Dios nos ha dado es la capacidad de cuidar, amar y proteger a quienes nos rodean.

Dios nos creó como una obra maestra y nos dotó de un corazón capaz de nutrir. Este llamado no se limita únicamente al cuidado físico, sino que abarca también el acompañamiento emocional, espiritual y humano. Cada persona, desde su identidad y sus dones, puede brindar contención, apoyo y guía a otros. Esta capacidad de nutrir la vida de los demás es parte esencial del diseño de Dios y refleja Su carácter en nosotros.

El acto de nutrir no se limita a la maternidad o paternidad biológica. Se expresa de muchas maneras: en la amistad sincera, en la construcción de vínculos basados en la confianza y el respeto, en el servicio desinteresado, o en el compromiso con el trabajo y la comunidad. Podemos nutrir siendo mentores, acompañando a otros en su crecimiento personal o profesional, compartiendo experiencia, ofreciendo consejo y siendo ejemplos de integridad.

También nutrimos cuando compartimos nuestro tiempo, recursos y habilidades. Estar presentes en el momento oportuno, mostrar sensibilidad frente a las necesidades ajenas y preocuparnos genuinamente por el bienestar de los demás es una forma poderosa de amar. La empatía nos permite ponernos en el lugar del otro, comprender sus luchas y brindar apoyo, orientación y esperanza.

La Biblia nos muestra numerosos hombres y mujeres que fueron instrumentos de Dios para el crecimiento y la transformación de otros. Débora, jueza y profetisa, lideró y protegió a Israel en tiempos difíciles. Rut nos enseña sobre la lealtad y el compromiso en las relaciones. Ester arriesgó su vida para salvar a su pueblo. María, la madre de Jesús, junto con Marta y María, reflejan el valor del servicio y el cuidado. Del mismo modo, encontramos hombres como José, Moisés, Pablo o Bernabé, quienes acompañaron, formaron y alentaron a otros en su caminar de fe.

Cada uno de estos ejemplos nos recuerda que el llamado a cuidar y nutrir la vida de los demás trasciende el género y se manifiesta de distintas maneras según la etapa y las circunstancias personales. Fuimos creados con un propósito, y en lo profundo de nuestro corazón anhelamos vivirlo plenamente, siendo canales del amor de Dios.

Que el Señor nos ayude a reconocer cómo estamos nutriendo a quienes nos rodean y a responder con fidelidad al llamado que Él ha puesto en nuestras vidas.


¡Dios les bendiga!

Por Coronela Roxana Dinardi

Noticias

Campamento de Niños

Este verano se llevaron a cabo campamentos en diversas zonas, ¡y fue un momento realmente especial! Los campamentos de verano representan una excelente oportunidad para que los niños disfruten al aire libre, aprendan nuevas habilidades, canten canciones, y fortalezcan su sociabilidad.

Los pequeños lo pasaron muy bien: participaron en actividades recreativas, juegos, lecciones, y momentos de amistad, además de disfrutar del tiempo en la pileta.

Agradecemos a Dios por cada uno de los campamentos organizados por los Cuerpos, que hicieron posible experiencias inolvidables para todos los niños.

Noticias

ITJ

Fueron varios días llenos de risas, juegos y mucha alegría. Momentos especiales que quedarán grabados en el corazón. Fue ver cómo Dios une historias, forma amistades y hace familia donde antes había desconocidos.

ITJ 2026 no es solo un campamento. Son experiencias que marcan, abrazos que sanan, palabras que edifican y encuentros que transforman.

Lo más importante no fue únicamente lo que vivimos en cada actividad, sino lo que Dios hizo en nosotros.

Damos gracias a Dios por todo lo que obró en el Instituto Territorial de Jóvenes. Por cada enseñanza, cada tiempo de búsqueda, cada conversación y cada momento de Su presencia.

Agradecemos especialmente por la vida de los Mayores Sabrina y José Solórzano, instrumentos de Dios para guiarnos, enseñarnos y desafiarnos a crecer.

Nos vamos distintos… renovados, afirmados y enviados. Con la certeza de que todo lo sembrado dará fruto abundante.

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Esfuerzo de abnegación

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Día mundial de Oración

Anuncio III

Día de la mujer

General: Lyndon Buckingham
Director: Coronel Elder Dinardi
Editora: Betina Martinez
Redes Sociales: Walter Garro
Diseño Gráfico: Ayelén Rocca

Publicación del Ejército de Salvación de Marzo-Abril 2026 | Territorio Este de Sudamérica: Argentina, Uruguay y Paraguay.