Edición enero/febrero 2026
Cuando el presente parece todo… y Dios abre el mañana
Hace muchos años se hizo popular una canción cuya letra me encontró en plena adolescencia. En ese tiempo, como a muchos, me hablaba directo al corazón. Decía que todo termina, que sólo el presente tiene sentido, que creer en el mañana es, muchas veces, fracasar hoy. Era una mirada cruda, honesta, cargada de desilusión, pero muy real para quien empieza a descubrir que la vida no siempre es como la soñó.
Con los años entendí que esa canción no hablaba sólo de un amor que se había roto, sino de algo más profundo: del paso del tiempo, de las expectativas que se caen, de la sensación de que la vida se nos escurre entre los dedos. Especialmente cuando termina un año, esas palabras vuelven a resonar. Miramos atrás y vemos promesas incumplidas, esfuerzos que no dieron fruto, oraciones que parecen no haber sido respondidas.
Sin embargo, hay un detalle en esa letra que siempre me llamó la atención. En medio de afirmaciones duras y casi definitivas, aparece un pequeño “tal vez”. Una posibilidad mínima, casi tímida, de que algo nuevo pueda suceder. No es una certeza, pero es una apertura. Y a veces, eso es todo lo que se necesita para que la esperanza no muera.
Como Oficial, hoy miro ese “presente” desde otra perspectiva. La fe no niega el dolor del hoy ni las pérdidas del ayer, pero tampoco se queda encerrada en ellos. Para Dios, el presente no es un límite, sino un lugar de encuentro. Allí donde nosotros vemos final, Él ve proceso. Donde sentimos que todo terminó, Él sigue escribiendo.
Al comenzar un nuevo año, no siempre llegamos llenos de entusiasmo. A veces llegamos cansados, heridos, con más preguntas que respuestas. Pero el Evangelio nos recuerda que el mañana no depende sólo de nuestras fuerzas, sino de la fidelidad de Dios. En Él, el futuro no es una ilusión frágil, sino una promesa sostenida por su amor.
Tal vez no sepamos qué traerá este nuevo año.
Tal vez haya cambios, desafíos, pérdidas o nuevas alegrías.
Pero si Dios está presente, el presente nunca es el final.
“He aquí, yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis?”
(Isaías 43:19)
Que este tiempo que comienza nos encuentre viviendo el hoy con honestidad y abrazando el mañana con fe, confiando en que Dios siempre abre caminos donde nosotros sólo vemos cierre.
Espiritualidad
Cómo cultivar la fe en tiempos de crisis económica
Parte I
La crisis tiene rostros concretos.
Claudio, padre de familia, ve cómo su salario se achica frente a la inflación. Cada ida al supermercado se convierte en un cálculo doloroso: ¿qué llevo y qué dejo? Sus hijos no entienden del todo, pero perciben la tensión en casa.
Ernesto, jubilado, recientemente viudo, enfrenta el doble desafío de la soledad y la escasez. Su pensión apenas alcanza para lo básico, y a veces debe elegir entre comprar medicamentos o llenar la despensa.
Carmen, una jovencita que acaba de conseguir su primer empleo, celebra su independencia, pero pronto descubre que su sueldo no cubre los gastos esenciales. La ilusión inicial choca con la realidad de un sistema que no da tregua.
Estos tres ejemplos —como tantos otros— nos recuerdan que la inestabilidad económica no es un concepto abstracto, sino una carga que pesa sobre vidas reales, corazones que se cansan y familias que luchan cada día.
La inestabilidad económica no es un dato frío de la economía: golpea directamente a familias como las de Claudio, Ernesto o Carmen. Afecta la mesa de cada día, condiciona proyectos y sueños, y muchas veces erosiona la esperanza. Los números en rojo no solo se ven en las estadísticas, sino en las heladeras vacías, en las cuentas que no cierran y en la angustia de los padres que no saben cómo llegar a fin de mes.
Frente a esa realidad, la fe cristiana no niega el dolor ni la incertidumbre, pero nos invita a mirarla con otros ojos: los de la confianza en un Dios que promete provisión, consuelo y nuevas oportunidades incluso en medio de la crisis.
Biblia y escasez
La Biblia no es ajena a las crisis. Desde el principio, hombres y mujeres de fe enfrentaron momentos de necesidad. En esas páginas descubrimos que la escasez, lejos de ser un obstáculo, puede convertirse en un espacio para experimentar la fidelidad de Dios.
• Israel en el desierto
Al salir de Egipto, Israel aprendió que no podía depender solo de sus fuerzas ni de sus cálculos. El maná que descendía cada mañana (Éxodo 16) era un recordatorio constante: la provisión venía de Dios, no de su propia previsión. Era un ejercicio de confianza diaria: aprender a vivir con lo suficiente y no acumular.
• Elías y la viuda de Sarepta
En tiempos de sequía, Dios envía al profeta Elías a la casa de una viuda que apenas tenía un puñado de harina y un poco de aceite (1 Reyes 17:7-16). Allí, en lo poco, se manifiesta la abundancia de Dios. La fe de esa mujer se vuelve testimonio de que, aun en lo más frágil, la provisión divina puede sostenernos.
• Jesús multiplica los panes
En el Nuevo Testamento, Jesús muestra que el hambre del pueblo le importa. Con solo cinco panes y dos peces (Mateo 14:13-21), no solo sacia a miles, sino que enseña a sus discípulos que el Reino de Dios responde también a las necesidades materiales. Su compasión abarca cuerpo y alma.
En estos relatos bíblicos se nos recuerda que Dios no es indiferente al dolor que produce la falta. Aunque Su provisión no siempre llega de manera espectacular, siempre es suficiente. La escasez, cuando se vive en fe, puede transformarse en una oportunidad para ver a Dios actuar de formas nuevas.
Tentaciones en tiempos de crisis
La necesidad suele sacar lo mejor y lo peor de nosotros. La crisis económica no solo afecta el bolsillo: también prueba el corazón. En medio de la escasez aparecen tentaciones que pueden desviarnos del camino de la fe.
Dejarse dominar por el miedo
El temor a no tener lo suficiente puede paralizarnos o llevarnos a vivir angustiados. Jesús nos recuerda: “No os afanéis… vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas” (Mateo 6:31-32). El miedo ahoga la esperanza, mientras que la confianza en Dios abre la puerta a la paz.
Buscar salidas fáciles pero poco éticas
La desesperación puede empujarnos a justificar decisiones equivocadas: endeudarnos más allá de lo posible, caer en la trampa de la corrupción o el engaño, o incluso romper principios de integridad. La Palabra nos invita a mantenernos firmes: mejor poco con justicia que mucho con injusticia.
Pensar solo en la propia necesidad y olvidar al prójimo
La escasez puede hacernos egoístas. El instinto de supervivencia nos lleva a guardar para nosotros lo poco que tenemos. Sin embargo, la fe nos llama a compartir, aunque sea lo mínimo. En la comunidad de los primeros cristianos, “no había entre ellos ningún necesitado” (Hechos 4:34). La solidaridad rompe el círculo del egoísmo.
Miedo, salidas poco éticas, carencia de solidaridad: en la crisis, estas tentaciones son reales, pero también son oportunidades para mostrar una fe que se mantiene firme en la confianza, la integridad y el amor al prójimo.
Por Soldado Gabriel Enriquez
Mi historia
El privilegio de Servir
Antes de ingresar al Ejército de Salvación, mi vida estaba marcada por el deseo de servir a Dios, pero también por muchas preguntas e inseguridades. Tenía fe, aunque aún estaba en proceso de comprender plenamente el propósito que Dios tenía para mí. Esa etapa estuvo caracterizada por la búsqueda, el aprendizaje y la necesidad de encontrar un lugar donde mi fe y mi vocación pudieran integrarse de manera plena.
Conocí al Ejército de Salvación a través de su testimonio vivo de fe puesta en acción. Lo que despertó en mí el deseo de servir como Oficial fue ver cómo el amor de Cristo se expresaba de manera concreta, alcanzando a las personas en sus realidades más difíciles. Comprendí que no se trataba solo de predicar, sino de vivir el evangelio sirviendo integralmente al prójimo.
En mi trayectoria como Oficial, una experiencia clave para afirmar mi fe y vocación ha sido acompañar a personas en momentos de profunda necesidad y ver cómo Dios obra transformación y esperanza. En medio de los desafíos, confirmo una y otra vez que el llamado es sostenido por la gracia de Dios y que Él es fiel en cada etapa del ministerio.
El servicio en el Ejército de Salvación ha transformado mi vida de manera integral. Ha fortalecido mi relación con Dios, ha enseñado a mi familia a confiar en Su provisión y nos ha ayudado a vivir con un propósito claro. Aprendimos que servir también implica entrega, humildad y dependencia diaria del Señor.
A las nuevas generaciones de Oficiales y a quienes leen esta revista, les diría que no pierdan de vista el llamado ni la razón por la cual comenzaron. Servir a Dios y a las personas es un privilegio inmenso. En medio de los desafíos, miren siempre hacia Cristo, porque Él renueva las fuerzas y da sentido a cada paso del camino.
Por Capitana Rosana Corral
Estilo de vida
Gestión de las emociones
A veces, los cristianos caemos en el error de pensar solo en el espíritu, que es el eterno; y eso está bien. Pero sabemos que en la vida tenemos que “lidiar” con nuestro cuerpo y nuestra alma también. El cuerpo se enferma, se desgasta, se cansa, sufre, y para eso buscamos la ayuda médica necesaria; esto también es importante. Si no cuidamos nuestro cuerpo, difícilmente dure la salud por mucho tiempo, y eso afectará nuestra calidad de vida, y por supuesto, todo lo que hacemos, incluyendo el ministerio.
Aquí también entra el tiempo de descanso, para nosotros, el día libre. Un tiempo necesario, por lo que hay que procurar tomarlo y utilizarlo para descansar, desconectar de las responsabilidades cotidianas.
Y el otro componente importante es el alma, donde se alojan las emociones, los sentimientos. Esto tiene que ver con nuestra psiquis, y la manera en que vivenciamos los acontecimientos. Sobre esto es lo que deseo compartirles. En estos tiempos, creo que se incrementó a raíz de la pandemia, se le da más importancia a la salud mental. Y no, no me refiero solo a las enfermedades mentales, que son serias y difíciles. Sino también a cómo manejamos cada uno las situaciones y acontecimientos que nos suceden, o suceden a nuestro alrededor. Lo que se denomina gestión de las emociones.
Es importante parar y preguntarnos qué sentimos, qué emoción es la que predomina en este tiempo en nuestra mente. Todo lo que nosotros sentimos tiene que ver con la valoración que le damos a los acontecimientos. Es decir, lo que produce las diferentes emociones en las personas no son los acontecimientos en sí, sino la importancia que le damos a esos acontecimientos. Sabemos que, ante un mismo suceso, las personas no reaccionan de la misma manera, y esto es porque cada uno le da una valoración distinta a lo sucedido.
La realidad es que la mayoría piensa que los acontecimientos son los que determinan cómo nos sentimos y reaccionamos; y en función de eso esperan que cambien las situaciones para sentirse diferente. Sabemos que eso no siempre es posible; hay cosas que no van a cambiar (por ejemplo, la pérdida de un ser querido, un divorcio, etc.). Se llegó a la conclusión de que no es el acontecimiento lo que determina la emoción, sino la valoración que cada uno le damos.
Las emociones son válidas y necesarias, son las que nos van a permitir movilizar nuestra vida. Las emociones disparan impulsos de acción que nos permiten ser funcionales. Por ejemplo: ante una situación de peligro, podemos sentir miedo, pero buscaremos la manera de ponernos a salvo. En este caso, el miedo es bueno y necesario para llevarnos a la acción de ponernos a salvo. Pero también las mismas emociones en un grado magnificado producen otras reacciones que pueden tornarse patológicas y complicarnos la vida.
Por eso es importante aprender a gestionar nuestras emociones, algo que nunca nos enseñaron, y por eso, muchos vamos transitando la vida sin entender lo que nos pasa, y por qué reaccionamos así. Generalmente esta reflexión la hacemos luego de haber manifestado la emoción. Por ejemplo, luego de responderle mal a alguien, y al pensar más tranquilos, nos damos cuenta de que no era para tanto, que no merecía esa reacción.
Como Oficiales salvacionistas todos los días enfrentamos desafíos de todo tipo: preocupaciones financieras del nombramiento, las de la familia, de salud, etc. Cuando estamos sobrecargados de estas cosas, somos más propensos a reaccionar mal o magnificando la situación. Por ejemplo, ante un malentendido, reaccionamos mal, nos enojamos y hasta podemos llegar a contestar mal. ¿Por qué pasa esto? Estamos valorando el acontecimiento según nuestra situación personal. Es difícil despegarnos de lo que somos para ser imparciales ante un suceso; todo lo que hacemos y decimos lleva la “carga” de nuestra propia experiencia. Puede que hayamos crecido en un ambiente hostil y por eso, ante la menor discusión, inconscientemente, nos sentimos amenazados. Estamos valorando el acontecimiento desde nuestra perspectiva.
Como mencioné más arriba, todas las emociones son válidas y necesarias. Pero hay que poner atención a aquellas que nos quitan la paz, y que, con el tiempo, podrían afectar hasta nuestra salud, mental y física. Cada día se habla más sobre el origen de muchas enfermedades, como producto de las emociones. La ciencia misma está llegando a la conclusión de que el cuerpo no está separado del alma; todo lo que nos afecta emocionalmente, a la larga, puede repercutir en el físico.
En estos escritos voy a enfocarme en las 4 emociones más comunes, a partir de las cuales se generan variantes: la tristeza, la ansiedad, la ira y el miedo. Cada una de estas emociones nos sirve para transitar diferentes sucesos en la vida, no podemos ni debemos ignorarlas. Por el contrario, al reconocerlas podemos aprender a gestionarlas, y no dejar que sean las emociones las que gobiernen nuestros actos.
En los próximos escritos iremos desarrollando cada una de ellas. Pero mientras esperamos el siguiente número de esta revista, te invito a que te preguntes: ¿cómo me siento? ¿cuál es la emoción que predomina hoy en mis reacciones?
Esto es solo un pantallazo del gran mundo de la psiquis, solo para que empecemos a mirarnos y aprender a entendernos a nosotros mismos y a los que nos rodean. Dios te bendiga.
“(...) lo que nos sucede es importante, pero la manera en que reaccionamos ante ello es más importante aún. Y ahí queda cierto espacio para poder maniobrar. Evitar la calamidad que nos hiere puede no estar en nuestra mano, pero el modo de encajar ese golpe sí lo está, y por ahí puede ir...”
Por Mayora Sandra Cerezo
Temas de familia
Tiempo lleno de oportunidades
Etapas de la vida
Al iniciar este nuevo año, continuamos nuestro recorrido por las distintas etapas de la vida. En la edición pasada, reflexionamos sobre la adolescencia; hoy avanzamos hacia la etapa de la juventud, un tiempo lleno de oportunidades para consolidar nuestra identidad, dar forma a nuestros proyectos y fortalecer nuestras relaciones personales. Esta etapa, que abarca aproximadamente de los 20 a los 35 años, es clave para establecer los cimientos sobre los que se edificará nuestra vida.
El comienzo de este año nos invita a mirar hacia atrás y recordar que ya hemos superado la tormenta de la adolescencia. Ahora, al ingresar a esta nueva etapa, nos encontramos inmersas en un mundo de relaciones que, a su vez, nos ayudan a definir quiénes somos. Las decisiones más trascendentales de la vida, en su mayoría, ya han sido tomadas: el noviazgo, el matrimonio, la carrera, los viajes, la elección del hogar. Y cada una de estas decisiones está profundamente conectada con las personas que nos rodean. Así, el nuevo año nos ofrece la oportunidad de evaluar cómo esas decisiones han influido en nuestra identidad y en nuestra relación con los demás.
Aunque puede que a veces busquemos la soledad, sabemos que, como seres humanos, somos personas diseñadas para relacionarnos. Al reflexionar sobre el año que comienza, nos damos cuenta de que estas relaciones nos permiten conocernos mejor y decidir, cada vez más, en qué entorno nos sentimos cómodas, con quiénes deseamos compartir nuestro tiempo y cómo podemos crecer juntos. En este proceso, las decisiones sobre el dónde, el cómo, el qué y el con quién nos definen y nos guían en la construcción de nuestro propósito.
En Cristo, encontramos la fortaleza para enfrentar los desafíos del nuevo año, vivir con propósito y avanzar hacia las metas que Él tiene para nosotros. Su propósito se manifiesta a través de nuestros dones, talentos y circunstancias. En Él, hallamos dirección, significado y claridad para las decisiones del futuro.
Al comenzar este año, pensemos en cómo nuestras vidas tocan la vida de otras personas, ya sea a través del servicio a Dios o de las relaciones que cultivamos. En Hechos 16:13-15, Hechos 9:36 y Romanos 16:1-2, encontramos ejemplos de mujeres que aprovecharon sus habilidades para relacionarse con los demás, y su ejemplo nos inspira a seguir sus pasos.
En este comienzo de año, reflexionemos:
¿Dónde estoy la mayor parte del tiempo? ¿Cómo estoy invirtiendo mis horas?
Al leer estos versículos, ¿qué pensamientos surgen en mi corazón?
¿Qué debo comenzar a hacer o dejar de hacer este año, dentro o fuera de mi hogar?
Ahora, en este inicio de ciclo, respondamos al Señor:
¿Cuál será mi próximo desafío como persona cristiana en este nuevo año? ¿Hay cosas que he postergado que puedo comenzar a hacer ahora?
Que, en este nuevo comienzo, nunca olvidemos que Dios siempre está primero. ¡Que Su bendición nos acompañe a lo largo de todo el año!
Por Coronela Roxana Dinardi
Programas
Proyecto: Aprendemos Jugando
Todo comenzó cuando escuché a los niños
Escuchar que dolía
El proyecto nació simplemente escuchando a los niños. Ellos llegaban contando lo que vivían en sus escuelas: violencia, amenazas, burlas, golpes… incluso armas. A través de esas conversaciones entendí que había una necesidad profunda: los niños necesitaban volver a vivir en una cultura de paz y que sus escuelas volvieran a ser lugares seguros.
“Ellos mostraron la necesidad antes de que nosotros pudiéramos verla.”
Buscamos información, usamos herramientas comunitarias, observamos noticias locales y la realidad escolar. Todo confirmaba que la violencia era generalizada. No era la historia de uno, sino de muchos.
El desafío de formar el equipo
Lo que más costó fue armar el equipo. Pasaron meses hasta encontrar a la psicóloga adecuada: psicóloga social clínica, con experiencia grupal, individual y con niños. A ella se sumaron la trabajadora social y la profesora de gimnasia.
“Formar el equipo fue difícil… hoy son una bendición.”
Un pequeño club que se transformó
Al llegar había un club de niños que solo jugaban al fútbol. Abrimos una escuela bíblica en un barrio cercano, pero el espacio se compartía demasiado y no podíamos sostenerlo bien. Con un lugar disponible a dos cuadras, decidimos trasladarnos. Ahí el proyecto tomó forma.
Hay tres pilares que nos sostienen
- Área psicológica y social: Entrevistas, talleres y acompañamiento integral.
- Área espiritual: Escuela bíblica y reuniones de adolescentes.
- Juego y deporte: Todo parte del jugar. Descubrimos que muchos niños ya no juegan, no se relacionan, pasan horas en pantallas. El juego volvió a unirlos.
“El juego cura, une y enseña.”
Los cambios que vimos en ellos son enormes: niños que antes saltaban los portones ahora entran por la puerta, saludan según su estilo —beso, abrazo o choque de manos—. Con la psicóloga hacemos cuatro evaluaciones al año y reuniones mensuales para analizar avances.
Hoy estamos devolviendo esa evaluación a los padres, quienes también notan cambios: dicen gracias, piden por favor, saludan, respetan. También dimos charlas en escuelas secundarias y ya nos abrieron puertas en otras instituciones para el próximo año.
Lo que cambió en mí
Este proyecto me enseñó a escuchar más profundo, a mirar más allá del comportamiento y a entender historias que no siempre se cuentan. Ellos cambiaron… y yo también.
El sueño más grande es que los chicos —especialmente los de la Escuela Nº 6, una de las más complejas— logren disminuir la violencia y abrazar una cultura de paz. Hoy, con más escuelas abriendo sus puertas, el sueño creció.
“Queremos que vivan una cultura de paz… y que ellos mismos la multipliquen.”
Por Capitanes Gabriela e Isaias Campos
Noticias
Tiempo de agradecimiento
El día 10 de Diciembre compartimos una hermosa Fiesta de Navidad junto a nuestros Oficiales Retirados que viven en AMBA. Se realizó una reunión con villancicos, juegos, tiempo de agradecimiento a Dios y celebrar juntos Su fidelidad.
También compartimos un muy rico almuerzo y un tiempo de fraternidad con un espíritu lleno de alegría. Dios nos ha bendecido con la presencia de fieles siervos de Dios, dedicados al ministerio durante su vida activa y hoy con el gran ministerio de la oración y el acompañamiento a Oficiales más jóvenes. Reconocemos a nuestros queridos Oficiales que por razones de distancia o salud no pudieron estar presentes. Dios bendiga a nuestros Oficiales cada día y los siga utilizando para bendecir a otros
Noticias
Olla Roja
La Campaña de la Olla Roja llegó a su cierre, dejando una vez más una profunda huella de solidaridad y compromiso. Gracias a cada aporte, a cada gesto y a cada persona que se sumó, fue posible seguir sosteniendo y fortaleciendo nuestros programas de ayuda.
La respuesta de la comunidad fue una clara muestra de esperanza y amor al prójimo. Agradecemos profundamente a quienes acompañaron esta campaña y hicieron posible ayudar a ayudar. Juntos, seguimos marcando la diferencia.
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ITJ
General: Lyndon Buckingham
Director: Coronel Elder Dinardi
Editora: Betina Martinez
Redes Sociales: Walter Garro
Diseño Gráfico: Ayelén Rocca
Publicación del Ejército de Salvación de enero/febrero 2026 | Territorio Este de Sudamérica: Argentina, Uruguay y Paraguay.

