SOMOS el Ejército de Salvación

Ya no me siento invisible

Historia de Jesica

Jesica tiene 28 años y está atravesando una situación muy difícil. Vive en la calle y este invierno está siendo especialmente duro. Su historia nos recuerda que, muchas veces, un gesto de ayuda puede significar mucho más de lo que imaginamos.

Jesica nos cuenta: Estoy viviendo en la calle. Este invierno está siendo muy duro, más que otros. Hay días en los que hace mucho frío y pasar la noche afuera se hace muy difícil.

En este tiempo, personas del Ejército de Salvación estuvieron cerca y me ayudaron con ropa de abrigo y una frazada para poder pasar estos días un poco mejor.

Para mí fue importante que se acercaran y me ayudaran sin hacerme sentir mal por la situación que estoy viviendo. Cuando estás en la calle, muchas veces sentís que nadie te ve o que a nadie le importa lo que te pasa.
La ropa y la frazada fueron de mucha ayuda para mí. Pero también fue importante sentir que alguien se preocupaba y que no estaba sola.
Sé que las cosas no cambian de un día para otro, pero esta ayuda significó mucho para mí en un momento difícil.

Hoy puedo decir que ya no me siento invisible. Sentir que alguien me ve, se acerca y se preocupa por mí significa mucho.

Por Jesica

Entrega de frazadas

Abrigo que transmite esperanza

En estos días de intenso frío, el Ejército de Salvación – Territorio Este de Sudamérica dio inicio a una nueva Jornada Solidaria de Invierno, una iniciativa que busca llevar abrigo, acompañamiento y esperanza a personas que atraviesan situaciones de vulnerabilidad.

A través de esta jornada, se están entregando frazadas a quienes más las necesitan, especialmente durante una época del año en la que las bajas temperaturas pueden representar un desafío aún mayor para muchas familias y personas que enfrentan situaciones difíciles.

Cada frazada entregada representa mucho más que abrigo. Es una expresión concreta de amor, cuidado, solidaridad y dignidad. Es un gesto que busca transmitir cercanía y recordar a cada persona que no está sola, que su vida importa y que hay quienes están dispuestos a tender una mano y acompañarla en momentos difíciles.

Esta acción solidaria también es una oportunidad para poner en práctica el llamado de Cristo a servir a los demás. Como Ejército de Salvación, deseamos que cada encuentro sea una muestra del amor de Dios y que, junto con el abrigo, podamos compartir palabras de aliento, escucha y esperanza.

En medio del frío, queremos acercar calor. En medio de las dificultades, queremos llevar esperanza. Y en cada frazada entregada, queremos hacer visible el amor de Cristo, sirviendo con compasión y compromiso a quienes más lo necesitan.

“Estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí.”
Mateo 25:36 (RVR1960)

Que esta Jornada Solidaria de Invierno nos recuerde que pequeños gestos pueden hacer una gran diferencia cuando nacen de un corazón dispuesto a servir.


Aprendé a soltar
el peso innecesario

Metas sin presión: aprender a disfrutar el camino

Tener metas es algo bueno. De hecho, las personas que viven con propósito suelen avanzar con más claridad, perseverancia y motivación. Proponerte terminar una carrera, crecer profesionalmente, formar una familia, desarrollar un ministerio o aprender una nueva habilidad son objetivos saludables que pueden impulsarte a dar lo mejor de vos. El problema aparece cuando esas metas dejan de ser una dirección y se convierten en una exigencia absoluta. Cuando el “quiero lograr esto” se transforma en un “tengo que lograrlo, cueste lo que cueste”.

Sin darnos cuenta, muchas veces nos imponemos cargas que nunca fueron necesarias. Nos convencemos de que debemos recibirnos antes de determinada edad, alcanzar cierto nivel económico, ser los mejores en nuestro trabajo o cumplir expectativas que, en realidad, nadie nos pidió. Empezamos a medir nuestro valor según los resultados que obtenemos y no según quiénes somos. Entonces, cada demora se vive como un fracaso, cada error como una derrota y cada comparación con los demás como una prueba de que estamos quedándonos atrás.

Las metas dejan de motivarnos cuando se transforman en el único criterio para sentirnos valiosos. En lugar de disfrutar el proceso, vivimos obsesionados con llegar a un destino. En lugar de aprender durante el camino, solo pensamos en cuánto falta. Y cuando las cosas no salen según nuestro cronograma, aparece la frustración, la ansiedad o incluso la sensación de que todo el esfuerzo no sirvió para nada.

Esto sucede porque muchas veces confundimos compromiso con presión. Es posible ser una persona disciplinada sin vivir bajo una exigencia constante. También es posible dar lo mejor de uno mismo sin sentir que cada paso define el éxito o el fracaso de toda la vida. La diferencia está en recordar que las metas existen para servirte, no para esclavizarte.

Vivimos en una cultura que constantemente nos empuja a producir más, a rendir más y a demostrar más. Las redes sociales amplifican esa presión. Vemos personas que parecen haber alcanzado todos sus objetivos antes de los treinta, emprendimientos exitosos, carreras brillantes y vidas aparentemente perfectas. Sin quererlo, comenzamos a compararnos y a pensar que nosotros también deberíamos estar en ese mismo lugar. Pero cada historia tiene su propio ritmo, sus propias dificultades y sus propios tiempos. Comparar tu proceso con el resultado que otros muestran casi siempre termina siendo injusto.

También hay cargas que nacen de expectativas heredadas. A veces sentimos que debemos cumplir los sueños de nuestros padres, responder a lo que otros esperan de nosotros o sostener una imagen de éxito que nunca elegimos. En ese intento por satisfacer expectativas ajenas, corremos el riesgo de perder de vista el propósito que Dios tiene para nuestra propia vida.

La Biblia nos muestra que Dios trabaja con procesos mucho más que con resultados inmediatos. Muchas de las personas que Él llamó pasaron años de preparación antes de ver cumplido aquello para lo que habían sido elegidas. En ese tiempo aprendieron, crecieron y fueron moldeadas. Dios no estaba apurado, porque sabía que el carácter era tan importante como el destino. Esa perspectiva también puede cambiar nuestra manera de vivir: entender que el crecimiento no siempre se mide por la velocidad, sino por la profundidad.

Esto no significa vivir sin objetivos o conformarse con cualquier situación. Significa aprender a sostener las metas con las manos abiertas. Esforzarte con responsabilidad, pero sin convertir cada objetivo en una carga que robe tu paz. Tener planes, pero también la humildad para aceptar que algunos tiempos pueden cambiar, que algunos caminos pueden modificarse y que eso no significa que hayas fracasado.

Vale la pena preguntarte de vez en cuando: ¿esta meta me está impulsando o me está aplastando? ¿Estoy disfrutando el camino o solamente sobreviviendo para llegar al final? ¿Estoy persiguiendo un propósito o intentando demostrar mi valor? Esas preguntas pueden ayudarte a distinguir entre una motivación saludable y una exigencia que terminó ocupando demasiado espacio en tu vida.

Al final, las metas son una herramienta, no una medida de tu valor. Tu identidad no depende de un título, de un ascenso, de un reconocimiento o de un plazo cumplido. Dios no te ama más cuando alcanzás un objetivo ni menos cuando necesitás volver a empezar. Él camina con vos durante todo el proceso y te invita a vivir con responsabilidad, pero también con descanso.

Porque una vida guiada por el propósito siempre será más liviana que una vida gobernada por la presión. Y cuando aprendés a soltar las cargas que nunca debiste llevar, descubrís que avanzar no siempre significa correr más rápido, sino caminar con la libertad de saber que tu valor no depende de llegar primero, sino de permanecer fiel en cada paso del camino.

Por Walter Garro

Datos Curiosos

Nuestra mente

1) Escribir una meta aumenta las posibilidades de cumplirla, especialmente cuando también se define cómo, dónde y cuándo se va a llevar a cabo. Este tipo de planificación se conoce como intenciones de implementación.

2) El cerebro necesita pausas: descansar no significa perder el tiempo. Las investigaciones muestran que los descansos pueden ayudar a recuperar la atención y reducir el deterioro del rendimiento durante tareas prolongadas.

3) Las metas pequeñas también cuentan: dividir un objetivo grande en pasos concretos puede facilitar que pasemos de la intención a la acción y hacer que el objetivo resulte más manejable.

4) Decir “si pasa esto, haré aquello” puede ayudar a actuar. Por ejemplo: “Si termino de desayunar, voy a caminar 15 minutos”. Este tipo de plan si-entonces puede hacer que sea más fácil iniciar una conducta relacionada con una meta.

5) Las pausas no tienen que ser largas para ser útiles. Los estudios sobre descanso durante tareas prolongadas muestran que incluso las pausas breves pueden influir en la atención y el rendimiento.

6) La atención no permanece constante durante todo el día. Con el paso del tiempo realizando una tarea, nuestra capacidad para mantener la atención puede disminuir; incorporar descansos puede ayudar a contrarrestar ese efecto.

7) Un objetivo por sí solo no siempre alcanza. Tener la intención de hacer algo es diferente de decidir exactamente cuándo y cómo hacerlo. La investigación sobre implementation intentions encontró que agregar este tipo de planificación mejora el logro de objetivos.

8) Los planes concretos pueden funcionar casi como “pilotos automáticos”. Cuando una situación previamente identificada aparece, una respuesta que ya decidimos puede activarse con menos necesidad de tomar la decisión nuevamente en ese momento.

9) Descansar puede mejorar el rendimiento, pero más descanso no siempre significa mejor rendimiento. Algunos experimentos encontraron que las pausas más largas producen una recuperación inmediata mayor, aunque también pueden generar una caída posterior más pronunciada al retomar la tarea.

10) Las interrupciones y los descansos no son exactamente lo mismo. Una pausa planificada puede permitir recuperar la atención, mientras que una interrupción inesperada puede obligarnos a cambiar de tarea y dificultar la concentración.

Referencias principales

  • Gollwitzer, P. M. (1999). Implementation Intentions: Strong Effects of Simple Plans. American Psychologist, 54(7), 493–503.
  • Gollwitzer, P. M., & Sheeran, P. (2006). Implementation Intentions and Goal Achievement: A Meta-Analysis of Effects and Processes. Advances in Experimental Social Psychology, 38, 69–119. La revisión analizó 94 pruebas independientes y encontró un efecto positivo de las intenciones de implementación sobre el logro de objetivos.
  • Lim, J., & Kwok, K. (2016). The Effects of Varying Break Length on Attention and Time on Task. Human Factors, 58(3), 472–481.
  • Finkbeiner, K. M., Russell, P. N., & Helton, W. S. (2016). Rest improves performance, nature improves happiness: Assessment of break periods on the abbreviated vigilance task. Consciousness and Cognition, 42, 277–285.
  • Schumann, F. et al. (2022). Restoration of Attention by Rest in a Multitasking World: Theory, Methodology, and Empirical Evidence. Frontiers in Psychology.

Por Ayelén Rocca

Reflexión

Lo que realmente importa

“Lo esencial es invisible a los ojos.”— Antoine de Saint-Exupéry

En medio de tantas cosas que reclaman nuestra atención,
vale la pena preguntarnos qué estamos dejando de ver.

Hay momentos, personas y pequeños detalles que no hacen
ruido, pero que pueden guardar un significado enorme.

A veces, lo que verdaderamente necesitamos no es más,
sino detenernos y aprender a reconocer aquello que ya
tenemos delante. Porque lo esencial muchas veces está en
lo sencillo: una palabra, una mirada, un abrazo,
un momento compartido.

Tal vez necesitamos mirar menos lo que brilla
y más lo que tiene valor.

-Editora

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Director: Coronel Philip Davisson | Editora: Capitana Betina Martinez | Redes Sociales: Walter Garro | Diseño Gráfico: Ayelén Rocca

Publicación del Ejército de Salvación | Territorio Este de Sudamérica: Argentina, Uruguay y Paraguay.